¿Has visto el documental Genie, la niña salvaje? (El vídeo está al final del post). De todos modos, te resumo quién es Genie:

Genie, nacida el 18 de abril de 1957, es el nombre que las autoridades del estado de California le dieron a una adolescente descubierta en en el suburbio angelino de Arcadia de manera fortuita el 4 de noviembre de 1970. Es uno de los casos representativos de los llamados niños ferales o salvajes, y, posiblemente, el mejor documentado de todos ellos, si bien el paradero actual de Genie es un dato reservado a fin de conservar el derecho a la privacidad de la persona.

Genie fue objeto de numerosas investigaciones para saber más acerca de lo que nos diferencia de los animales y de hasta qué punto el lenguaje depende de la evolución, de la inteligencia o de la cultura.

El término Genie, según la Dra. Jeanne Butler, una de las especialistas que trabajaron con la niña, viene de la idea de un espíritu mágico encerrado en una botella, esperando a salir.

*  *  *

En mi opinión, lo primero que cabe resaltar es que todo el mundo se queda sorprendido tras ver el documental sobre la vida de Genie. Eso no se debe principalmente a su emotividad, sino al hecho de que los métodos empleados en el tratamiento de la niña no fueron precisamente los más acertados. Hubo un error en el planteamiento de la cuestión por parte de los científicos que se encargaron del caso. Pienso que no supieron enfocar bien los problemas. Por supuesto que los científicos supieron darse cuenta de que este caso era una oportunidad interesantísima para alcanzar conclusiones importantes acerca de qué es lo que nos diferencia de los animales y de hasta qué punto el lenguaje depende de la evolución, de la inteligencia o de la cultura. Sin embargo, no se debe perder de vista que el estudio práctico sobre el comportamiento de las personas es un tema muy delicado, ya que éstas deben ser respetadas especialmente debido a la gran diferencia que hay entre las personas y los animales. Todas las personas tienen dignidad y deben ser tratadas como fines en sí mismos –como lo expresa Kant-, nunca como medios.

El conjunto de científicos que estudiaron y ayudaron a Genie no actuaron, seguramente, con mala intención, pero no fueron lo suficientemente prudentes como para evitar que Genie cayera en el olvido absoluto tras el fin de las investigaciones. Fueron víctimas de una terrible ceguera propiciada –como es habitual en los científicos- por el afán del conocimiento y por la superficialidad, ya que se ocuparon de la atención afectiva de Genie solamente durante un período de tiempo limitado demasiado corto.

Es importante resaltar que, aunque Genie necesitaba urgentemente recuperar el habla para comunicarse y pensar como una persona humana normal, aquello de lo que más necesidad tenía era un entorno familiar en el que recibir el cariño del que se había visto privada hasta los doce años. Y lo necesitaba especialmente, además, por el hecho tener una edad tan corta.

No es recomendable para ninguna persona criarse alrededor de personas concretas que ni ejercen un claro papel de padres ni se dan a conocer abiertamente como médicos o logopedas. La niña carece claramente de unas referencias estables en las que fijarse para aprender los valores humanos, y en especial el amor, que es lo verdaderamente necesario, no ya para alcanzar la felicidad –pues eso podría no ser responsabilidad directa de los médicos-, sino para poder tener la paz necesaria para realizarse como persona en la sociedad.

En cualquier caso, lo más llamativo de este caso, horrible por su final, es que no hubo un consenso en el grupo de científicos que se encargaron de Genie; faltaron unas directrices claras y pensadas con calma  y profundidad; no hubo, en definitiva, una actuación de calidad –no ya personal sino profesionalmente hablando- hacia Genie que, además de ser una persona muy joven y harto maltratada, era esencialmente un ser humano, al que se debe tratar con el máximo respeto posible, y no sólo con higiene, formalidad y afectos temporales y superficiales, los cuales no fueron suficientes para cuidar a tal persona.

En este contexto es cuando entendemos lo que ocurrió con Genie al aparecer la dificultad de cuidarla: no se le procuró un hogar digno. Y por último, después de haber sufrido lo suficiente como para volver al estado original –miedo a pronunciar una sola palabra-, fue olvidada por la comunidad que se había encargado de ella para ir a pasar el resto de su truncada vida en una desdichada casa de acogida.

Que no me den explicaciones los hipócritas despiadados que, con cara melancólica, mirando a la cámara, dicen ahora frases como: “yo era como un padre para ella, le leía cuentos por las noches”; o “ella nos transmitía algo especial a todos los que estábamos con ella”; también “ésta niña me va a hacer famosa”. Y echamos de menos algún “haremos todo lo posible por ayudarla a rehacer su vida, respetando su dignidad, procurando al mismo tiempo progresar todo lo que sea posible en el conocimiento de aquello que es condición de posibilidad del lenguaje y de aquello que nos distingue de los animales”. Esta actitud, sin duda alguna, debería ser tomada por todos los científicos, ciudadanos del mundo supuestamente civilizados, tanto hoy en día como el el futuro.