Cuando uno se propone empezar un blog o cualquier otro tipo de publicación, siente la necesidad de justificar tal acción. Supongo que es fruto del pudor natural de airear los entresijos del alma a los cuatro vientos en la enredada Internet.

El caso es que como todavía no soy un escritor o comunicador a jornada completa, aún no me he podido desprender de ese pudor y tengo que explicar por qué empiezo a publicar mis pensamientos y fotografías en este rincón.

Se me podrá tachar de idealista, pero no puedo evitarlo: estoy en una edad en la que uno debe querer cambiar el mundo y todavía no se ha dado cuenta de que es imposible. Lo genial también de esta etapa juvenil es que uno pretende que dure toda la vida, luchando contra viento y marea por hacer realidad unos sueños basados en bandas sonoras de películas épicas y engordados en conversaciones de pasillo en un Colegio Mayor universitario.

Es evidente que por aquí desfilarán jirones de mi opinión, de mi alma; es evidente también que no todo el mundo tiene por qué pensar como pienso yo; no es eso lo que me propongo.

Lo que me propongo es hacer pensar, fundamentar mi opinión para animar que aquél que pierde tiempo en leerme, fundamente la suya y podamos hablar sin tener que insultarnos ni gritar.

También desfilarán conceptos y nociones que pienso que poseen una entidad inopinable, que no deben ser manoseados o manipulados. Con esto busco convencer de que el relativismo es estéril y homicida. La mejor manera de perder la ilusión a los 18, a los 20 o a los 25 años es casarse con el pensamiento relativista, porque todos necesitamos cimientos sobre los que construir nuestra vida.

Y las fotos… las fotos son algo que me cuesta encajar con todo lo anterior, pero que me encanta. Espero poder conseguir esculpir una tercera dimensión del contenido fotográfico que iré publicando; una tercera dimensión que abarque la profundidad de los momentos que fluyen a lo largo de nuestro día.

Sólo les puedo desear:

Buen viaje